Argentina



ANTOLOGIA LA POESIA DEL SIGLO XX EN ARGENTINAFerrari, Marta, (ant.)
Visor Libros, S.L.1ª ed., 1ª imp.(04/2010)560 páginas; 21x14 cmIdiomas: EspañolISBN: 8498950430 ISBN-13: 9788498950434
Colección: La estafeta del viento, 7

Poesía argentina, como fragmentación de la lengua


                      Marta Ferrari es la creadora de una antología de más 500 páginas editada por Visor en España. 

Diana Bellessi, Maki Corbalán, Hugo Mugica, Osvaldo Picardo
      


 Pensar a la poesía argentina no como una totalidad, sino como una fragmentación de la lengua y de los relatos de la realidad, es una de las premisas de la investigadora Marta Ferrari que sustentan su antología La Poesía Argentina del Siglo XX que se acaba de editar en España.
 Publicada por el sello editorial Visor, la compilación de 500 páginas para una selección de 32 autores, inicia con Raúl González Tuñón (1905-1974) y concluye con Fabián Casas (1965), un poeta que comenzó a publicar en los 80.
 Ferrari, doctora en Letras por la Universidad de La Plata y docente en la Universidad Nacional de Mar del Plata, es crítica de poesía y autora de numerosos trabajos sobre teoría literaria; entre sus títulos figuran: “La coartada metapoética. José Hierro, Ángel González y Guillermo Carnero y Poesía española del 90. Una antología de antologías.
 El prólogo, a manera de estudio que introduce a La Poesía Argentina del Siglo XX, habla de prodigalidad y abundancia en la producción aludida y aquellos rasgos que la definen.
 “A la «poesía argentina» no deberíamos pensarla como una totalidad, sino como una fragmentación de la lengua y de los relatos de la realidad. Su variedad y abundancia dan cuenta de las muchas singularidades del siglo XX, pero sin concretar un conjunto acabado y homogéneo”, dice la antóloga.
 n ese sentido da el siguiente ejemplo: “Si bien Leopoldo Lugones, Jorge L. Borges o Juan Gelman, definieron y protagonizaron momentos importantes del siglo, ellos no son sino una muestra de «algo» que no terminamos de precisar y que, de alguna manera, se fragmenta y multiplica después de los años 80 sin solución de continuidad”.
 Respecto a la investigación y selección, Ferrari habla de un trabajo de más de un año y explica a Télam: “El criterio de acercar un panorama a lectores extranjeros y de adecuarme a los límites de la colección, me obligó a tener solamente en cuenta a los poetas nacidos a partir del 1900, así como a los poetas no menores de 35 años con obra publicada al finalizar el siglo”.
 La investigadora privilegió a poetas de diversas regiones del país, poéticas como las de la revista jujeña Tarja y el grupo “La Carpa” hacia 1940.
 Y rescata como antecedente la Antología de la poesía Argentina preparada por Raúl Gustavo Aguirre en 1979 que incluye 181 autores el interior entre los 405 antologados.
“Buenos Aires sigue imponiendo las modas y los paradigmas, ejerciendo una especie de «ninguneo» por el cual lo que no se ve en ese espacio no existe en ningún otro”, reconoce. La selección rigurosa de 31 autores para representar a la producción de un siglo, la califica de “muy difícil:
 “La primera selección cuatriplicaba esa cifra y excedía los límites de la colección, así que debí afilar la tijera y recortar por las líneas que hacen al tramado lírico del siglo”.
 Enrique Molina, Olga Orozco, Edgar Bayley, Alejandra Pizarnik, Joaquín Gianuzzi, Juan Gelman y Horacio Castillo figuran entre los autores ya consagrados, en tanto de las promociones más adelante en el tiempo incluye a Santiago Silvestre, Hugo Mujica, Diana Bellesi, Osvaldo Picardo, Néstor Perlongher y Macky Corbalán.
 Sobre la selección de poetas mujeres, Ferrari señala: “No me convence el «cupo obligatorio» para minorías, escrituras de género o jóvenes poetas. Los antologados son sólo algunos pocos de los muchos que debían estar por su singularidad literaria o por la influencia ejercida a través de su obra”. Y se lamenta de no haber podido incluir otras voces –cita a Beatriz Vallejos, Susana Thénon, María E.Walsh, María Teresa Andruetto, entre otras– y especifica: “Pero no por ser mujeres, sino porque tienen arte y oficio”.
 A su juicio, la crítica literaria en Argentina abusa de las etiquetas para referenciar tendencias y momentos de la poesía: “Lo mismo ocurrió en España con el abusivo membrete generacional y los agrupamientos en «poesía de la experiencia», «de la conciencia», o «de la diferencia»”.
 El estudio preliminar de Ferrari hace hincapié en Leopoldo Lugones como figura emblemática que “marca el principio del siglo XX –asevera– y fija el canon argentino”.
 Y prosigue: “Ese lugar lo va a ocupar Borges, aunque él no tenga la intencionalidad fundacional de Lugones. Hoy, los leemos como líneas constantes en la trama del tapiz, con seguidores y detractores”.
 “Son dos voces que no se pueden ignorar para entender lo que está sucediendo –afirma–. Luego con «Poesía Buenos Aires» y el «invencionismo» de Bayley hay una puesta al día de la lírica y una renovación profunda”.
 “Sin embargo, a partir del 90, se percibe una tendencia a borrar lo anterior y reemplazarlo por una copia o versión antilírica, una parodia sin tragedia, donde lo político y la experiencia, sería, a diferencia de los años 60 y 70, una materia difusa, un gesto contemporáneo a la tribu que, en un futuro próximo, me temo, habrá que leerlo con notas al pie” 
(23 ago, 2010, TELAM)


Poesía necesaria

Toda antología es parcial y todo antólogo propone una lectura, su lectura. En el caso de la poesía, esa característica suele estar más exacerbada. ¿Por qué seleccionar este poeta y no aquél? ¿Qué resonancia tiene tal poema que no conserva el anterior, cuando en otras lecturas no fue así? ¿Hay un privilegio para la corrección política (literaria) o se intenta el esfuerzo panorámico? En un extremo están las selecciones apuradas de los suplementos literarios, en el otro la excesiva por la hojarasca que hizo de la poesía argentina Raúl Gustavo Aguirre hace más de treinta años.

por Gerardo Burton


           


   El objetivo de “La poesía del siglo XX en Argentina”, compilada por Marta Ferrari, es -aun reconociendo ausencias importantes- ofrecer una muestra de “otras voces menos atendidas y también valiosas”. Con esa intención, además, “se ha dado lugar a poetas del interior del país y a muchas de las poéticas que, hasta el momento, no habían sido consideradas como se merecían”.
   El volumen despierta una sorpresa: la edición, excelente, tiene el sello de Visor y se publica en la Colección La Estafeta del Viento que codirige Luis García Montero, un importante poeta y ensayista español. Entonces, hay una garantía previa de buena lectura. Es interesante subrayar su aparición como hecho cultural, algo que es infrecuente con la poesía en la Argentina, donde el género circula por los márgenes de la industria editorial y en la periferia de los suplementos culturales de las empresas periodísticas del establishment.
Cierto es que Ferrari menciona en el prólogo las diversas tendencias de la poesía argentina durante el siglo, aunque ejerce su criterio: es notorio en primer término que no se trata de una antóloga radicada en la Ciudad Autónoma: hay una diversidad de textos que no podría soportar el centralismo porteño al que estamos tan habituados.
   En segundo término, es verdad que se han incorporado poetas del “interior”. Es curioso que en la provincia de Buenos Aires continúe designándose así al resto del país. Porque si las provincias –o por lo menos, las 22 provincias salvo Buenos Aires y la Ciudad Autónoma- son el interior, a esta altura del partido, lo que resta es “exterior”, aunque suene falaz.
    Tercero, la valoración de la poesía gauchesca en el siglo XIX y su continuación en textos y autores casi marginales luego de la operación de sacralización de Martín Fierro se corresponde con la búsqueda de formas poéticas asociadas con el compromiso político. Están Leónidas Lamborghini, Juan Gelman y Néstor Perlongher como los más notorios, pero es importante el vacío que deja la falta de Francisco Urondo. Y quizás haya un mayor desarrollo de la poesía objetivista –incluso en la selección- que en otras tendencias –el neobarroco, el sencillismo, el regionalismo-.
   La importancia de esta antología es, justamente, lo expresado recién y que queda señalado desde el pie de imprenta. Los tres puntos previos –una radicación extra porteña; la incorporación de “interiores” y el esbozo de lo político-.
  También es cierto lo que expresa Ferrari sobre la poesía post dictadura: hay una “vuelta de hoja aún por leerse” y aquí entra la representación patagónica. Las consecuencias de la dictadura y el neoliberalismo sobre la vida social y el yo poético recién ahora se pueden evaluar. El caso de Macky Corbalán, la única patagónica de la selección, es entonces significativo, ya que describe ese dibujo, hace esa trayectoria. Sus primeros poemas fueron cocinados en los últimos tramos de la dictadura –hacia 1982-. Su literatura abrió un camino que no llega a su fin, toma por encrucijadas insólitas y continúa, con una tozudez increíble.
   Corbalán evoluciona en paralelo como poeta y como militante por los derechos de la mujer. Y siempre hay una vuelta de rosca: la diversidad ante todo, la multiplicidad por encima de cualquier ortodoxia. En poesía. En la existencia. Búsquedas que no se sacian; palabras que no terminan de decir; poemas que se rehacen de continuo.
   Corbalán expresa, entonces, una tendencia de la poesía practicada en eso que se denomina el “interior”. Punta de un iceberg que manifiesta un trabajo incesante y la construcción de una poética y una literatura genuinas, lejos ya de viajeros y pioneros.