08 febrero 2012

W. B. Yeats en argentino

W.B.Yeats



"Quería ser pájaro" de Leonora Carrington




Alción Editora acaba de publicar, en Córdoba, Poemas Completos, de W. B. Yeats (1865-1939), con traducción, presentación y notas del poeta rosarino Eduardo D'Anna. "Sólo unas cuantas traducciones de los poemas de Yeats se habían publicado hasta ahora, y ninguna integral. Esperamos que la presenta pueda llenar ese vacío honrosamente", dice el traductor.


Por eso, es para celebrar la traducción de uno de los grandes poetas irlandeses del siglo XX que Alción Editora acaba de publicar, en Córdoba: Poemas Completos, de W. B. Yeats (1865-1939), con traducción, presentación y notas de Eduardo D'Anna, también dramaturgo, narrador y poeta cuyo último libro de poesía es Diario secreto de Marco Polo (Alción, 2011).

W.B.Yeats, conforma junto a T.S. Eliot y Ezra Pound un trío insustituible cuando se habla de poesía en lengua inglesa o se reflexiona sobre la contemporaneidad desde una mirada y un pensamiento en el que se combinan la tradición y la modernidad. El autor del memorable poema “Navegando hacia Bizancio” fue un irlandés comprometido con las luchas nacionales de fines del XIX, senador del recién constituido estado de Irlanda en 1922 y premio Nobel en 1923. Su obra es vastísima. Escribió además de poesía, teatro, memorias, ensayos, panfletos, prólogos, cartas y hasta reglamentos para sociedades secretas.

La edición cordobesa de Alción, reúne por primera vez, su poesía completa. Hasta ahora, creo que, en el país, sólo contábamos con el trabajo prolijo y autorizado de Delia Pasini, una antología bilingüe publicada en Losada en su colección 70 años.

El poeta irlandés había sido recientemente abordado en España, por Antonio Rivero Taravillo, en una edición bilingüe de Pre-Textos (2010); así como en otra edición de Lumen (2005), con prólogo de Seamus Heaney y traducción rimada de Daniel Aguirre. Otros intentos fueron los de Alianza (1990) con una difícil traducción de Enrique Caracciolo Trejo. Las demás ediciones han sido de poemas sueltos o de alguno de sus libros como es el caso de La escalera de caracol de Linteo (2010) en la traducción de Antonio Linares Familiar; o Los cisnes salvajes de Coole y La Torre de ediciones DVD, en traducción ambos de Carlos Jiménez Arribas. Como vemos tras una somera revisión de ediciones y traducciones, la Argentina viene perdiendo por goleada contra el excelente equipo dela Real Academia Española. El ingenioso trabajo de D´Anna nos devuelve ahora la posibilidad de la revancha.

El hecho mismo de una traducción habla de la historia secreta de un encuentro. El encuentro entre Yeats y D´Anna, nacido en 1948, nunca podría haber tenido lugar, por más viejo y andariego que se considere al rosarino. La coincidencia fue a partir de la experiencia de hace más de 40 años, que el traductor obtuvo cuando colaboraba en la legendaria revista Lagrimal Trifurca. En una nota al pie de la introducción (p. 11), D´Anna cuenta el significativo equívoco de poetas y editores a raíz del poema traducido en la revista y que llegó a manos del poeta chileno Jorge Tellier. “Es evidente que a Tellier le gustó el poema (y mi traducción) —dice D´Anna—, pues la misma con ligeros e insignificantes retoques, estaba entre sus papeles póstumos”. De ese modo, fue tomado por un texto del poeta chileno y como tal se publicó editado por Colihue en Bs.As., en 1999.

El equívoco ilustra con claridad de qué modo extraño se puede confundir un poema traducido con uno original, o como dice el español Sánchez Robayna: “lo que debe interesarnos es que un poema lo sea de verdad, es decir que ese poema sea un buen poema, haya sido o no fruto de la traducción”. D´Anna, como poeta, ha alcanzado esa proximidad por la cual se confunde copia y original.

Y hay otra proximidad también. La de un autor y su traductor. Puede ser que se conozcan o no, que sean contemporáneos o no, pero esta segunda proximidad hace que muchas traducciones por modestas o rudimentarias que sean, pongan en evidencia las carencias de la propia lengua y empujen a inventar las equivalencias necesarias. Es un proceso en que el diálogo entre dos culturas termina por hablar en una nueva lengua.




Algunas traducciones de poemas de Yeats 
por Eduardo D’Anna






LA HUESTE INAPACIGUABLE



En sus cunas de oro, ríen los hijos

de Dana, aplauden, y entrecierran

sus ojos, porque cuando las águilas,

de pesada ala blanca y frío corazón,

vuelen, cabalgarán el Viento Norte:

Beso a mi hijo que llora; lo aprieto

contra mi pecho, y oigo que nos llaman

a mi niño y a mí, desde las tumbas

estrechas, desesperados vientos

que van llorando sobre el mar errante,

que van revoloteando el Oeste en llamas,

que soplan los fantasmas quejosos

al golpear las puertas del Cielo

y del Infierno. Corazón, corazón,

te sacuden los vientos, y la hueste

no se aquieta, más bella que los cirios

a los pies de María.



MAJESTAD CAÍDA



Aunque las multitudes se juntaban

nada más que para ver su rostro,

los ojos de los viejos se apagaron

ya; solamente esta mano, cortesana

abandonada entre gitanos, balbuceando

sobre la majestad caída, testifica

que ya no está. Sus líneas,

el corazón que suavizó la risa,

ése está, está; pero registro

lo que se ha ido. Multitudes

se juntarán de nuevo, sin saber que

van por la calle donde caminó algo

hace mucho, como una nube ardiente.







LOS CISNES SALVAJES DE COOLE



Están los árboles en su belleza

otoñal, y secos en el bosque

los caminos; bajo la luz de octubre,

crepuscular, el agua quieta

refleja el cielo. Sobre su brillo, entre

las piedras, hay diecinueve cisnes.



Ha llegado el otoño diecinueve

sobre mí, desde que hice la cuenta

por la primera vez, y los veo

antes de que termine, echar el vuelo

dispersándose en grandes anillos

rotos, sobre sus alas clamorosas.



He visto estas brillantes criaturas

y ahora está triste mi corazón,

porque todo cambió desde que, entonces,

en esta costa, por la primera vez,

las escuché aleteando sobre mí,

que marchaba airosamente.



Incansables aún, amantes,

bogantes en la helada corriente,

compañeros, trepan el aire.

Sus corazones no han envejecido

aún, y pasión o conquista

maravillosas los esperan.



Patinan en el agua, hermosos,

misteriosos. ¿En qué lago, en qué

charca, se juntarán para construir

la delicia de unos ojos humanos,

mientras yo me despierto, y me doy

cuenta de que se han ido?





LOS ACADÉMICOS



Cabezas calvas que su pecado olvidan;

viejas, sabidas, respetables cabezas,

editando y anotando los versos

que los jóvenes, agitándose

en sus camas, con desesperación

en el amor rimaron, alabando

lo bello para oídos ignorantes.



Todo evasivo es, todo tose

tinta, todos gastan la alfombra

con sus zapatos, todos

piensan lo que otros piensan,

todos saben lo que sabe el vecino.

¿Qué dirían, Señor, si Catulo

fuera por esas sendas?







SOBRE UNA PRESA POLÍTICA[1]



Ella, que nunca tuvo mucha paciencia

en la infancia, ahora tiene tanta,

que una gaviota perdida en su miedo

volando hasta su celda, posándose,

se dejó tocar por sus dedos

y se dejó por ellos alimentarse.



¿Tocando el ala solitaria recordó

aquellos años, antes de amargarse

la mente, de volverla abstracta,

de hacer de su pensar un enemigo

para el pueblo: conduciendo ciega

a los ciegos que en la zanja yacen?



Cuando antaño la veía cabalgando

por el Ben Bulben, tras la caza,

la más bella de todo el condado,

agitada por su chúcara juventud,

parecía haber crecido limpia y dulce

como un pájaro en la roca o en el mar:



Acunada en el aire, cual si dejara

ése su nido por la primera vez

para volar hasta una roca alta,

a mirar todo bajo un dosel de nubes;

mientras bajo su pecho de tormentas

golpeado, las simas del mar gritan.






MIL NOVECIENTOS DIECINUEVE



I

Muchas cosas ingeniosas y encantadoras,

han desaparecido. Y parecían milagros

a la masa, protegidas del círculo

de la luna que las cosas comunes

tira abajo. Allí estaba, entre el bronce

ornamental y la piedra, una antigua

figura hecha de olivo... y también

han desaparecido los célebres marfiles

de Fidias, y todas las langostas

y todas las abejas doradas.



Nosotros también tuvimos lindos

juguetitos: leyes inconmovibles

por la queja, el soborno, la adulación,

o la amenaza; costumbres que derritieron

el viejo mal, como si fuera cera

al rayo del sol; la opinión pública

tanto tiempo en sazón, pensamos

que en el futuro subsistiría. 


Oh, qué fino pensábamos, porque pensábamos 


que los más malos bribones se habían muerto.

Los dientes caídos, las viejas tretas 


olvidadas, un gran ejército 


sólo para mostrar; ¿y qué importaba 


que ningún cañón se volviera reja 


de arado? El Rey y el Parlamento 


pensaban que a menos que un poquito 


de pólvora no ardiera, los trompeteros 


trompetearían hasta morir; faltaría gloria;

los caballos con sueño de los guardias

podía ocurrir que no hicieran cabriolas.



Ya los dragones montan los días, la pesadilla

cabalga sobre el sueño; una soldadesca

borracha, puede a la madre, asesinada

en la puerta de calle, llevársela

chapaleando en su sangre, y escaparse;

la noche suda en terror como antes.

En la filosofía despedazamos nuestra

manera de pensar, planificando someter

el mundo a reglas, que son comadrejas

peleándose en un agujero.



Quien pueda leer los signos sin naufragar

en cobardía, en lo semiengañoso

que intoxica de sombra los sesos; y que sabe

que no hay palabra que permanezca,

mientras salud, abundancia y paz de espíritu

gastándose en obras maestras del intelecto

o de la artesanía, dejan ningún honor

cual monumento poderoso, dejan

tan sólo comodidad: el triunfo puede

romperse en soledad fantasmal.



¿No quieren más confort todavía?

El hombre ama, pero ama lo que

se desvanece, ¿qué más se puede

decir? El país anda, osados

no se admiten, si alguien lo fuera

sería hallado incendiario, ese tipo

de fanático que en la Acrópolis

quemaría el leño, que haría pedazos

los marfiles famosos, o vendería

las abejas o las langostas.


II

Al envolverse los bailarines chinos

de Loie Fuller en un fluorescente

tejido, en una cinta flotante, pareció

que cayera entre ellos un dragón

del aire, haciéndolos girar, apurándolos

a apartarse de su sendero furioso;

así hace el Año Platónico: gira

cada vez, bien o mal, en el viejo cambio;

todos los hombres son danzantes; y andan

según el bárbaro martilleo de un gong.



III

Moralistas o poetas mitológicos

al alma sola comparan con un cisne;

comparación que me agrada: preocupado

espejo que nos mostrara, antes de irse

el breve brillo de su vida, su estado,

semiextendidas las alas para volar,

sacando pecho, orgulloso de verse

cabalgando esos vientos que anuncian

la noche que se aproxima.



En su propia meditación secreta

un hombre está perdido adentro

del laberinto que él se ha fabricado

en política o arte; los platónicos

dicen que ahí cuando debiéramos

salir fuera del cuerpo para andar,

se nos pega el hábito antiguo,

y que si nuestro trabajo pudiera

desvanecerse con nuestro aliento

tendríamos buena muerte, que el triunfo

sólo puede estropear nuestra soledad.



El cisne va en el cielo desolado:

una imagen salvaje, que da la rabia

para acabar con todo, para terminar

lo que mi trabajosa vida imaginó,

incluso lo imaginado apenas, lo a medias

escrito; pero queremos enmendar

todo error en que vemos afligirse

a los hombres, y esos vientos de invierno

soplan ahora, mostrándonos que estábamos

locos de la cabeza al tratar de soñar.



IV

Nosotros, que hace siete años,

hablábamos de verdad y honor,

chillamos con placer si contemplamos

darse vuelta a la comadreja,

y mostrarnos su diente.



V

Burlémonos de los grandes

con ese peso en el alma

que se afanan tanto y duro

por dejar sus monumentos,

y no piensan en el viento.



Burlémonos de los sabios;

con calendarios en donde

fijan sus ojos dolientes,

sin mirar las estaciones,

y ahora se duermen al sol.



Burlémonos de los buenos:

porque la bondad fantástica

será grata, pero enfermos

de soledad, piden tregua:

sopló el viento... ¿y dónde están?



De los burlones, burlémonos

después, ya que nunca ayudan

al bueno, al sabio o al grande,

para alejar la tormenta,

y comercian con la burla.



VI[2]

En los caminos, violencia de caballos;

algunos con hermosos jinetes, adornados

en sus finas orejas, agitando sus crines;

pero los cansados corren y corren

y se destrozan, se desvanecen,

con el diablo rondándoles la cabeza:

las hijas de Herodías han vuelto,

súbita ráfaga llena de polvo, y luego

un retumbe de patas, un tumulto

de imágenes, con su objetivo puesto

en ese laberinto; y puede alguna mano,

loca, atreverse a tocar una hija

pues todo gira con gritos amorosos,

con gritos de ira, de acuerdo al viento,

porque están ciegos todos.

Pero ahora se frenan, se posa el polvo;

dejan de cabecear. Sus grandes ojos

sin pensamientos, bajo la sombra

de su estúpido pelo color paja,

está el diablo insolente, Robert Artisson,

a quien la abandonada Lady Kyteler

trajo plumas doradas de sus pavos,

peines rojos de sus gallos.

                                                                               1919




Notas:
1.   Se refiere a Constance Gore-Booth, Condesa de Markievicz, ardiente patriota y republicana irlandesa, que tomó parte en la rebelión de 1916, y fue condenada a muerte, y luego indultada. Yeats se refiere a ella y a su hermana Eva en varios poemas.
2.La gente del campo ve a veces ciertas apariciones a las que llaman ahora ‘ángeles caídos’, ‘antiguos habitantes del país’, y que describen como cabalgando a veces ‘con flores sobre las cabezas de los caballos’. Sostuve en el sexto poema que estos jinetes, ahora que los tiempos han empeorado, se han entregado a lo peor. Mi último símbolo, Robert Artisson, fue un espíritu diabólico que anduvo mucho por Kilkenny al comienzo del siglo XIV. ¿No están también éstos que viajan a través de remolinos de polvo en el Año Platónico? (Nota de Yeats, Collected Poems, págs. 534/535).

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