Ensayos
de Frank O'Hara
Selección, traducción e
introducción
de Fabián O. Iriarte
El nombre del poeta Frank O'Hara (1926-1966) está asociado con la llamada "Escuela de Poesía de Nueva York," desde que en 1960 John Myers, que dirigía la influyente galería de arte Tibor de Nagy, acuñara el término, en el cual también cabían los poetas Barbara Guest, James Schuyler, John Ashbery y Edward Field. Pero O'Hara, que nació en Baltimore (Maryland) y estudió en Harvard y la Universidad de Michigan, no era solamente poeta: luego de servir por breve tiempo como secretario de Cecil Beaton, desde 1952 comenzó a trabajar en el Museo de Arte Moderno, donde permaneció hasta su muerte, excepto un corto período entre 1953 y 1955 en que fue editor asociado de la revista Art News.Los ensayos que siguen se hallan en el libro que recoge textos diversos de O'Hara, Standing Still and Walking in New York, editado por Donald Allen (San Francisco: Grey Fox Press, 1983). "La naturaleza y la nueva pintura" ("Nature and New Painting") fue publicado por primera vez en Folder nº 3, en 1954. En mi traducción he omitido los párrafos referentes a cuadros específicos de pintores mencionados en el ensayo (además de Robert De Niro, Elaine de Kooning, Grace Hartigan y Jane Freilicher, Larry Rivers, Felix Pasilis y Wolf Kahn), tratando sin embargo de no dejar afuera ninguna de las ideas principales del ensayista acerca del "retorno a la naturaleza" que observa en estos artistas.En su número de invierno-verano de 1959, la revista It Is publicó "Seis opiniones sobre el arte abstracto en otros países" de Frank O'Hara, Thomas B. Hess, Paul Jenkins, Milton Resnick, William Ronald e Irving Sandler. "Arte norteamericano y arte europeo" ("American Art and Non-American Art") fue la contribución de O'Hara.
La
Naturaleza y la Nueva Pintura
Cuando se habla del papel de
la naturaleza en la pintura, siempre se vuelve un papel protagónico, porque la
misma palabra "naturaleza" tiene prestigio en nuestros prejuiciosos
oídos. ¿Y qué significa "naturaleza" en relación con
"pintura"? Depende del período histórico. Hay una pintura natural,
llamada así porque el talento del pintor no parece hallar ningún obstáculo,
surgir ante nuestros ojos de manera tan característica como su letra
manuscrita. Pero también hay pinturas de y sobre la naturaleza, pinturas que
están atravesadas por el sentimiento de la naturaleza y que representan la
observación perfeccionada de las estructuras detalladas de la naturaleza e
incluso proclaman sin egoísmo los principios naturales que el artista ha
percibido.
Cézanne percibió la estructura
de las formas naturales así como su aspecto y su sentimiento y esto no es un
elemento "extra," aparte del valor estético de la obra. ¿Que si
pienso que, amasando una fortuna de tierra, rocas y árboles, siguiendo a
Cézanne palabra por palabra, yo podría construir una colina que no se vendría
abajo? Bueno, la gran pintura lo hace sentir a uno como Dios. Entre otras
cosas, el arte nos da habilidad, conocimiento, incluso cuando nos cuenta lo que
no sabemos, lo que no ha sucedido. Cézanne percibió el
significado de la realidad objetiva en términos de su construcción como un
filósofo percibe la claridad de una situación moral. Mondrian hizo lo mismo en
sus primeras obras. Cuando, más adelante, sus percepciones empezaron a operar
en un sitio más general, sus pinturas plasmaron estas percepciones sin
generalizar; siguieron siendo arte; él se acercó a la profundidad y la
grandeza, porque sus percepciones parecían abrazar todas las estructuras de la
naturaleza. Como Cézanne, había visto el corazón de la naturaleza. No es la
intención ordenar sus logros según una jerarquía, pero si su obra tardía
representa un límite, es un límite de conocimiento más que de estilo.
Pensar que los Mondrian
tardíos son "pinturas sobre la pintura" es un serio error; el gran
arte, excepto en períodos barrocos, raras veces es sobre el arte mismo, aunque
frecuentemente sus revelaciones son tan apremiantes y tan amplias que pueden
ser aplicadas al arte y también a sus temas; a menudo su aplicación moral nos
parece aceptable. Sin embargo, cuando Keats escribió "La belleza es verdad
y la verdad, belleza," es un serio error pensar que estaba escribiendo
sobre la escritura de poesía. Su perspicacia sobre la estructura de la
sensibilidad humana (si esto parece tautológico, podríamos referirnos a la
perspicacia de Rilke sobre la sensibilidad de los animales y los ángeles) no es
meramente una declaración contra la fealdad de la mentira más de lo que un
Mondrian es una declaración contra las pinturas que no afirman lo horizontal y
lo vertical (en su obra). Esa es una aplicación demasiado estrecha. Desde los
impresionistas hasta los cubistas y de allí hasta el presente, el arte ha
estado en relación con la naturaleza.
Hay una clase de pintura,
también, que parece ser sobre la
naturaleza pero a la que le falta la percepción de la naturaleza. Aquí el
pintor utiliza su experiencia visual como tema, pero su experiencia es el tema,
no la naturaleza; por lo tanto, la estructura que observamos es la de su experiencia
en lugar de lo que ha experimentado. Algunas pinturas impresionistas parecen
muy leves acaso porque solamente nos ofrecen anécdotas sobre la naturaleza; el
tema real no es la naturaleza, sino el proceso de pintar la naturaleza, y
aunque puede ser muy bello, no es tan magnífico observar la estructura del
esfuerzo artístico como metáfora de la estructura de la naturaleza misma. Al
situar tal cuadro impresionista al lado de un Gorky tardío, se vería la
diferencia de modo muy claro.
La vida moderna ha expandido
nuestra concepción de la naturaleza y junto con eso, el papel de la naturaleza
en nuestras vidas y nuestro arte. Una mujer que sube a un ómnibus puede proveer
una revelación mayor acerca de la naturaleza que las colinas que rodean Roma,
porque la naturaleza no se quedó quieta desde la época de Shelley. En el
pasado, había por un lado la naturaleza y por otro lado, la naturaleza humana;
debido a la ferocidad de la vida moderna, el hombre y la naturaleza se han
vuelto una sola cosa. Un científico puede ser un terremoto. Un poeta puede ser
una plaga. En las abstracciones de Willem de Kooning y en sus figuras
femeninas, percibimos estructuras de severidad clásica: la identificación
implacable del hombre con la naturaleza. Esto no está simbolizado. Está
pintado. Por así decirlo, la gran Excavación
(Instituto de Arte, Chicago) de este artista nos muestra lo que le hacemos a la
tierra del mismo modo como su Mujer (Museo de Arte Moderno, Nueva York) nos
muestra lo que les hacemos a las mujeres. Una revelación tan profunda de la
estructura de la identificación del hombre con la naturaleza y del juego de
fuerzas que implica no puede discutirse en términos de "pasión" o de
"plasticidad," términos que sólo son útiles para discutir el talento
y la habilidad del pintor, no el logro de las pinturas en sí.
El poeta Edwin Denby penetra
el significado de nuestra respuesta a una obra de arte así como al logro de la
obra misma. Y quizás lo último tiene verdaderamente una importancia secundaria,
porque mientras el logro de una obra de arte cambia, nuestra respuesta a ella
es un instante preciso en la acumulación de sus significados y se beneficia con
la clarificación. No respondemos demasiado a menudo, es verdad, y cuando lo
hacemos es como si una bombilla de luz se hubiera apagado. La crítica de Denby
nos ayuda a sostener y a gobernar estas revelaciones tan caprichosas. El ballet
se ilumina con su intuición; nuestros mejores críticos de arte contemporáneo
están preocupados por estimar, medir, registrar y clasificar; con la historia y
con las vidas de los pintores, pero no con los logros de las pinturas mismas y
nuestras respuestas frente a ellas. Las dos últimas décadas han estado llenas
de barrocas trivialidades sobre las artes: como los rumores que asolaron Europa
después de los viajes de Colón, ha habido una gran vulgarización y
falsificación de los descubrimientos de los maestros de principios del siglo
XX. Al mismo tiempo, ha habido otros viajes, cuyo ímpetu provino de los
ejemplos eternamente poderosos de Cézanne--no se trataba de las Indias
solamente, después de todo.
Si no hubiera sido por el
espíritu de aventura del Expresionismo Abstracto norteamericano, nos habríamos abandonado enteramente a un
culto de lo mecánico, del savoir faire,
de la organización espacial de "tire y empuje" que, como un medio del
conocimiento formal, es quizás esencial, pero que no puede confundirse con la
creación, esa palabra que usamos para una percepción que nos parece
asombrosamente original. La pintura existe en el tiempo tan precariamente como
un viaje o un ballet y es peligroso no responder a ella; más peligroso,
responder a los rumores. Cuando consideramos la pintura y el tiempo, la obra de
Franz Kline se eleva heroica. Como un prestidigitador, lleva el peso del mundo
hasta la punta de sus dedos y entonces, con pasadas brutales de pintura negra y
pintura blanca, la gravedad cesa; a las energías más gigantes se les exige, y
se gana, un equilibrio particular.
¿Qué es este equilibrio? Es la
atención apasionada de las fuerzas naturales (en pintura todo es animado) a la
voluntad más interior del artista, y a este respecto Kline es de lo más tierno.
Le habla al volcán en un susurro. O, si se prefiere, extrae la espina de la
garra del león. Percibir las fuerzas naturales que sus pinturas mantienen en
suspensión es una experiencia única de nuestra época y vuelve su posición en
nuestra sociedad tan meticulosamente extrema como la de Ingres en la suya,
compuesta como lo está de revelación y resistencia a las fuerzas de la
naturaleza con las que nos hallamos como hombres, aunque temerosamente,
identificados.
Es esta atmósfera, pienso, la
que ha llevado a muchos jóvenes pintores a una observación más cercana de la
naturaleza; y aunque no se puede aislar la cualidad de esta atmósfera con el
término "percepción," este término figura claramente en sus obras.
Dando la espalda a estilos cuyas percepciones y conocimientos no son los suyos,
estos pintores buscan sus propias percepciones y al hacerlo se han volcado,
voluntaria o involuntariamente, hacia la naturaleza; su camino ha sido allanado
por los Gorky y los de Kooning que ellos admiran pero no emulan. ¿Se trata de
un Naturalismo? No en el sentido de "método realista," ciertamente,
aunque acaso sí en el sentido de "adherencia a la naturaleza, indiferencia
a las convenciones."
Hace dos años, en una charla
en la Galería Hansa, Clement Greenberg declaró que la abstracción era el modo
de expresión más importante de nuestra época, que cualquier otro modo era
necesariamente menor; esto fue una observación hecha directamente desde el
punto de vista de la crítica histórica. Pero un año más tarde, James
Fitzsimmons, en un ensayo en Arts and Architecture, escribió que algunos de los
pintores jóvenes habían perdido coraje y abandonado el Expresionismo Abstracto
cobardemente para regresar al trabajo figurativo. Contra tal protocolo
implícito el Expresionismo Abstracto siempre ha tenido una fuerte posición, sea
en el Museo Metropolitano o en el Club de Artistas. Entre los pintores que se
rebelaron contra esta noción al mismo tiempo que incorporaron elementos de la
estructura formal del estilo preferido se cuentan Robert De Niro, Elaine de
Kooning y Grace Hartigan y, como en toda rebelión, los elementos retenidos
funcionan para estos artistas de un modo desacostumbradamente provocativo.
[...]
En estos tres pintores
encontramos el juego dual de la respuesta a la naturaleza y el deseo de la
organización plástica que provocan una fricción que puede ser el significado
dramático de las pinturas, especialmente en De Niro y Hartigan, quienes se
apegan a consideraciones estilísticas ausentes de la obra de, digamos, Jane
Freilicher, y que añaden una corriente conscientemente artística subyacente a
sus preocupaciones primordiales. [...]
¿Entonces la naturaleza está
entre nosotros? Estos nuevos pintores han hecho lo que tenían que hacer y han
encontrado lo que la pintura necesitaba, según les parecía. No forman ningún
grupo, no envían manifiestos y, a diferencia de los surrealistas o realistas
mágicos o academicistas, no favorecen un aspecto determinado ni un contenido
externo; no se separan a sí mismos de las pinturas.
Arte
Norteamericano y Arte Europeo
Estoy seguro de que cualquier
cosa que tenga que decir sobre este tema acarreará sobre mí la temible
desaprobación de Kaldis, pero si nada se arriesga nada se gana, en tanto que al
menos continúe dirigiéndome la palabra. Hasta lo que puedo observar
últimamente, lo que queremos decir con "arte norteamericano" es, con
unas pocas excepciones tales como Giacometti, Wols y Riopelle, simplemente arte
de vanguardia. Está todavía vivo, es parte de nuestras vidas (no nacionalmente,
sino personalmente), puede experimentárselo sin necesariamente comprendérselo
enteramente, puede conmovernos y seguir siendo un misterio. Todavía no hemos
sido educados en arte como para apreciarlo (aunque quizás hayamos sido educados
en la vida para hacerlo). Muy poco del arte europeo de años recientes me afecta
de este modo, exceptuando--además de los ya mencionados--a Canogar, Saura,
quizás Jorn. No creo que esto suceda porque yo mismo soy norteamericano, aunque
podría ser.
No sería ilógico que el arte
norteamericano resulte ser el arte de vanguardia más importante del período. El
artista norteamericano está en una posición diferente de la del artista en
cualquiera de los grandes países europeos productores de arte. No sé qué pasará
en Japón. La única fuerza con que puede referirse a la sociedad, el único modo
en que puede ser oído, está en (no a través de) su obra. Ningún comité
norteamericano de escritores va a sacar a nadie de la cárcel. Pocos
norteamericanos consideran a un artista como un motivo de orgullo, y
ciertamente el gobierno no va a recompensarlo o premiarlo. Esto es una gran
ventaja que ha sido aprovechada.
Los europeos siempre hablan de
compromiso en singular, pero siempre parecen tener dos: el estético y el
político. Es mucho más probable que el artista norteamericano haya puesto todos
sus esfuerzos en uno u otro, no en ambos a la vez. Su cualidad metafísica, que
a menudo es negada pero que yo usaré a falta de una palabra mejor, es el
resultado. El Pabellón Español en la última Bienal de Venecia posiblemente
logró su cualidad por una circunstancia algo semejante, culturalmente. No es
por accidente que tantas de las luces más brillantes de la Ecole de Paris fueran expatriados que tenían poco o ningún medio de
expresar su potencia social más allá de su propia obra.
A los europeos, a menudo, el
arte norteamericano les parece violento. A mí no me parece, pero la violencia
es la atmósfera en que mucho de este arte es creado y que vuelve extremo y
serio su compromiso. Nueva York es una de las ciudades más violentas del mundo
y todo sucede allí velozmente. Lo que sobrevive debe de tener alguna calidad;
lo que puede hacerse bajo todo tipo de presiones y circunstancias debe de haber
significado algo para el artista que se las arregló para llevarlo a cabo. No
hay veleidad en la obra de Pollock, de Kooning, Kline, Smith, Rothko, Newman,
Still, et al., y eso es lo que tienen en común, eso es todo lo que tienen en
común. Esto también puede afirmarse acerca de varios artistas jóvenes. Esta
urgencia en el arte, y nuestra conciencia de tal urgencia, puede llegar a
evitar que veamos arte que no es americano. Pero es un riesgo necesario para
nosotros; no es nada comparado con el riesgo del artista que debe plantear sus
exigencias sobre el resto de nosotros.
Igualmente, hay más pura
fealdad en Estados Unidos de lo que uno pueda imaginar. Y es característico de
la vanguardia que pueda absorber y transformar cualidades diversas, normalmente
no asociadas con el arte, para que el artista interiorice la violencia y la
maldad de su época y produzca algo. Un buen ejemplo de este proceso es el
soberbio poema de Gregory Corso, "Bomba." De este modo la sociedad puede
soportar y entender y finalmente apreciar las cualidades de cosas ajenas e
incluso peligrosas. No estoy diciendo que éste sea el propósito del arte, pero
sin esta ferocidad el arte sería diferente. Hay más cosas para que el artista
haga aquí, y creo que se está haciendo, que en cualquier otro lugar en el mundo
en este momento. El Departamento de Estado no estaría tan preocupado con
satélites si supiera más sobre arte, que después de todo va a permanecer por
mucho más tiempo que cualquiera de los proyectos que los científicos planearon
hasta ahora. Si cualquiera de nosotros llega al futuro, no va a ser gracias a
esas esferas y trajes de tanques.
Si cualquiera de estas cosas
que estoy diciendo es verdadera, si realmente existe algo llamado "arte
norteamericano," creo que solamente puede ser porque por primera vez en
nuestra historia aparece un arte que es consciente del resto del mundo de una
manera que no es imitativa. Y cuanto más despojados estamos, seremos vistos más
claramente como somos. ¿Por qué deberíamos avergonzarnos? Los franceses no se
avergüenzan de ser franceses.


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