Nueva poesía española

Alfredo Saldaña 


(Toledo, 1962) ha publicado los libros de poesía Fragmentos para una arquitectura de las ruinas (1989), Pasar de largo (2003), Palabras que hablan de la muerte del pensamiento (2003), El que mira las palabras (2004) y Humus (2008). Una muestra de su obra poética escrita hasta la fecha puede leerse en Sin contar. Poesía 1983-2010 (2010). Trabaja como profesor de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad de Zaragoza y sus líneas de investigación se centran en la filosofía de la cultura, la teoría estética y la literatura contemporánea; es autor, entre otros, de los ensayos Modernidad y posmodernidad: filosofía de la cultura y teoría estética (1997), El texto del mundo. Crítica de la imaginación literaria (2003), Hay alguien ahí (2008) y No todo es superficie. Poesía española y posmodernidad (2009), y, con A. Pérez Lasheras, editor de Donde perece un dios estremecido (1994), antología poética de Miguel Labordeta, y Las patitas de la sombra (2000), colección de romances postistas de Eduardo Chicharro y Carlos Edmundo de Ory.






MALPAÍS
(Selección)



Es hora de caminar
sobre esos campos de cenizas,

es tiempo de atravesar el malpaís.

* * *


Ahondar, picar, traspasar,
generar bajo el torrente
un acontecimiento
que consista en disolverse
por los sumideros de la historia
para explorar lo que hay al otro lado
de la cruz,
la piedra negra
     y el muro de los lamentos.

* * *


Una palabra acalla otra palabra. // Caminar y entender por fin que solo somos eso, palabra en marcha, desnuda, itinerante, en busca y captura, palabra no encontrada o perdida, vagabunda, palabra por decir o por hacer, palabra sin nombre o sin nombrar, rebelde, de curso ilegal, palabra entregada, impronunciable, expuesta en todo caso a los embates de otra contrapalabra, labrada en el aire de la sedición y el deshonor y arrastrada por el viento hacia la serena, silenciosa y blanca desaparición. // Una palabra abre lo que cierra otra palabra.

* * *

* * *

Ahí
—en ese hueco
que el lenguaje intenta atravesar,
en esa hendidura horadada
por el vacío que la nombra—,
ahí,
en ese espacio en blanco,
levanta el hacedor de relatos
su estancia hecha de palabras
sin palabras,
es decir, de aire y nada más,
un refugio amenazado
por el desgarramiento y la desaparición
y levantado para dar cuenta de
una incertidumbre o una desposesión,
una carencia o un deseo.

Ahí,
en las noches de invierno,
el frío se hace fuerte en la casa.
* * *

Pensar como pueda hacerlo una cabeza llena de pájaros o de ideas o de nubes o de autobuses de largo recorrido o puesta del revés, // poetizar el pensamiento aun a riesgo de que las palabras se resistan y no respondan a los propósitos del que camina sobre guijarros sin contar, contradiciéndose en las mañanas heladas de invierno, intuyendo la posibilidad de que el texto deje de reflejar el mundo para convertirse en un universo por construir.

Pensar así, antes que el territorio o el tiempo que al limitarnos nos prolonga, el lenguaje que habría de representarlos, // poetizar ese lenguaje, esto es, problematizarlo, convertirlo en conflicto.

* * *

Al margen del camino
y en silencio
los muertos se apartan
y nos observan
cuando los nombramos.

* * *

Sin dejar huella,
sobre la nieve pasa
el que es una parte
de todas las partes.