Diana Bellessi

-->“Tener lo que se tiene”

Entrevista a Diana Bellessi










La poesía de Bellessi se ha vuelto imprescindible en la literatura argentina. No se puede discutir su nombre ni su lugar entre las grandes voces de la actualidad. Sin duda, Bellessi tiene lo que hay que tener para decir lo que dice y escribe. Así, “Tener lo que se tiene”, se llama el libro de 1.200 páginas que la Editorial Adriana Hidalgo acaba de publicarle. Es un volumen con toda su poesía reunida que incluye otro libro inédito del mismo nombre.

Su palabra “vive / y sueña en la delicadeza de lo real”… sin que desaparezcan de lo real lo que lo subleva y lo hace más y más humano: “esa magia/ del engranaje simple y certero que nadie/ puede explicar pero todo el mundo entiende”. Mirar y cantar abren un diálogo de descubrimientos, que hacen de su escritura todo un ejercicio de encantamiento y, recién luego, de entendimientos.

También ella, la Diana que escucho hablarme al teléfono, desde pleno monte del delta argentino, fascina con una charla sin orillas. Me cuenta del pájaro que en estos días volvió a aparecer en los árboles de las riberas. Hacía tiempo que no se le veía por el lugar. Es una reina mora, entre los que viven aquí: zorzales y mirlos y carpinteros y colibríes, garzas y biguás… “y unos búhos pequeñitos a los que se les dicen tamborcitos por su cantar; de vez en cuando se avista un martín pescador, un relámpago sobre el río, o un azulejo, o hace apenas unos días, esa reina mora...”

De este modo, entre llamadas telefónicas y correos electrónicos, pude adentrarme en su mundo y en su isla en el delta del Paraná, metáfora del tesoro de un largo recorrido por América y la existencia.



Osvaldo Picardo: Me gustaría empezar por una cuestión que hace a las ediciones de tus libros. Algunos de ellos, no sólo se demoraron antes de ser publicados, sino que también parecen haber sido coetáneos de otros libros, ya sea en sus escrituras o reescrituras.



Diana Bellessi: Hay una cronología de edición que no siempre se corresponde con la de escritura; los libros pueden tardar en publicarse, de hecho Buena travesía, buena ventura pequeña Uli, por ejemplo, fue publicado veinte años después de haber sido escrito. Por eso, en la poesía reunida que acaba de aparecer, se respeta la cronología de escritura y se aclaran luego las fechas de edición. En realidad, cuando estoy entregada a un libro, sólo escribo dentro de esa casa, es decir, en el registro de ese tono y esa voluntad específica de enunciado, que incluye tanto la autonomía de cada poema como la estructura discursiva que va apareciendo a medida que el libro crece.



OP: Tus largos viajes por América te impusieron ciertas condiciones para escribir, ¿cómo hacías?



D.B: He viajado mucho, y suelo escribir brevísimas anotaciones cuando lo hago, sobre todo frases de la gente, o nombres locales de aquello que llama mi atención. Pero escribir, verdaderamente, lo hago cuando vuelvo a casa. Salvo en un período largo de viaje en mi juventud, en el que vagabundeé con mi mochila durante casi seis años; entonces hice de cualquier lugar mi casa y mantuve una constancia de escritura. Buena ventura, buena travesía pequeña Uli fue un libro escrito en el camino, por ejemplo, y otros que por ahora decidí mantener inéditos.



OP: Danzante de doble máscara es un libro de los años 80 en el que hay una referencia a la crónica de América y a la de los inmigrantes italianos. ¿Te preocupaba recuperar un pasado propio que coincidía con el de Argentina?



DB: La pregunta en torno a quiénes somos es intensa para cualquier argentino, y lo era aún más décadas atrás. En mi caso, por otra parte, al provenir de una familia humilde del campo y migrar luego hacia la ciudad letrada, con los beneficios y los trastornos que esto implica, la pregunta se hizo más acuciante; y al reconocer mi pertenencia al continente, a la Patria Grande, en parte por esos años de viajar y vivir en muchos países latinoamericanos, las dos máscaras, los dos orígenes culturales, el europeo y el americano -siempre en conflicto por la característica colonial e imperial del primero- estallaron en mi cabeza y en mi escritura. La senda que encontré para empezar a hablar de ello fue ese libro, o quizás ya venía hablando de ello antes, y es algo que no se acaba, pero se fue volviendo más íntimo, y en un registro entendido más y más como conflicto de clases.



OP: ¿Podríamos decir que hay un tono propiamente “bellessiano” en el que tu “yo” habla mirando atrás, desde la evocación y, al mismo tiempo, desde lo que se descubre?



DB: Si bien siempre miramos el más actual de los presentes desde la evocación de un pasado, diría que sólo Crucero Ecuatorial se caracteriza por haber sido escrito como una evocación, la evocación de un viaje o de sus fragmentos, algunos años después de haberlo llevado a cabo. Salvo en el caso de aquellos escritos claramente como un relato del ayer que me constituye -“Detrás de los fragmentos” de Danzante de doble máscara, por ejemplo-, siento que mis poemas nacen siempre convocados por algo del más inmediato presente, aunque el presente esté lleno de pasado, sin duda, en la mirada que elige ver lo que ve, lo que recorta, y en la emoción que le suscita.



OP: En tu poesía, el relato, la memoria, el canto aparecen como insoslayables actos de escritura. Diría que intentan encantar el oído despertando otras voces, otros ritmos, otros fraseos, en una antesala del lenguaje adonde se debe viajar para recuperar lo perdido...



DB: Suelo decir que yo, o el sí mismo, está lleno de otros, como el presente del pasado y también del sueño del futuro: pero hay algo incandescente que de pronto se ve o se oye –en mi caso es siempre “afuera”, en el mundo de los seres y las cosas-, la puerta que se abre y a través de la cual el corazón y la mirada tienden su red, el pensamiento lo hace después. Esa es la gracia del presente, su constante gloria. Y la puerta abierta reúne a menudo a tus parientes del ayer y a tus nuevos parientes, la sombra de unos se fusiona con la de otros, y ahí se encuentra el yo lírico, en medio de ese diálogo que el misterio de la poesía organiza a su manera.



OP: ¿No hay algo arcaico, ritual y mítico en esa forma poética del presente? ¿No hay también en el uso de ciertas palabras e imágenes una magia ancestral que enciende ese presente?



DB: Escapo a las grandes palabras, se convierten en puertas selladas por donde no entra el aire. Pero todos somos lo que hemos sido y, al mismo tiempo, el esfuerzo y el gozo constante de quebrar la repetición, entrar a un camino nuevo. La ruptura de alguno de esos términos, que incluyen paradojas inesperadas, memoria y cambio, relectura de la memoria y cambio, nos enferma como sujetos y enferma a las sociedades a las que pertenecemos. En cuanto a tu mención de la palabra “magia”, te citaría una canción de Leonard Cohen: “Magic is alive, God is afoot”. La Magia está viva, Dios viene caminando.



OP: Cuando leés tus poemas se puede sentir con claridad el ritmo de los versos, su particular fraseo y capacidad de encantamiento. ¿Cómo trabajás este aspecto del poema? ¿Pensás el poema para ser leído en voz alta ante un público?



DB: La poesía nació cantada en mí; porque me gusta cantar escribo poesía, es mi forma de hacerlo. No, no pienso el poema para ser leído en voz alta ante un público, es un hecho demasiado íntimo escribir como para que eso esté presente; pero el ritmo, la sintaxis musical entera es de entrada, para mí, el sentido del poema; no es algo que comparezca luego, nace con el poema, es parte de su decir. Sí me ha sucedido que corrija algo pequeño dentro del poema, después de haber leído en voz alta delante de los otros, como si sólo allí lo hubiera percibido.



OP: ¿Querés hablarme de tu experiencia con la lectura de poesía en las cárceles? Alguna vez dijiste que sólo se canta en la cárcel...



DB: En cuanto a mi expresión “se canta dentro de la jaula, como el canario”, está dirigida a señalar que se canta dentro de los rigores del oficio, que hay que aprender, que no termina de aprenderse nunca, y que a su vez abre nuevas aventuras, o mejor sería decir que lo que busca expresarse en cada nuevo libro busca también su forma; es así como lo logra, con grandes novedades a veces o con sutiles cambios de tono y de acento. Volviendo puntualmente a tu pregunta sobre leer poesía en las cárceles, quisiera señalar la receptividad de esa audiencia, la emoción directa con la que reciben los versos, sin mediaciones, y que se transmite intensamente al que lee.



OP: En "Buena travesía, buena ventura pequeña Uli" del 74, hay un intento, logrado, por hacer surgir otras voces con sus historias marginales a cuestas. ¿Podés contarme a partir de acá cómo lo biográfico y lo ficcional se van uniendo en tu escritura?



DB: No, no puedo, porque nada me parece biográfico y tampoco nada me parece ficcional en lo que escribo; es esa otra realidad, la de la poesía; y las historias de los otros, marginales o no, en la amorosa alteridad de quien las mira, son también las propias, las de los parientes, como ya te dije, y uno arma su propia parentela por vocación, por proyección, por extracción de clase social y demanda de pertenencia… Así que ahí se va, escuchando, respondiendo entre los otros.



OP: En aquellos años ochenta constituiste parte de una de las publicaciones del género más importantes de Argentina: Diario de Poesía y también, desarrollaste una gran actividad coordinando talleres y lecturas…



DB: Sí. Previamente, en los años más oscuros de la dictadura, establecí contacto con la gente de la revista La danza del ratón, y colaboré con ella; recuerdo especialmente charlas fecundas con Jonio González, uno de sus directores; un poco después conocí a los poetas de Último Reino, en cuya revista también publiqué, así como en la editorial; y luego tuve la fortuna de encontrarme con José Luis Mangieri, quien fue mi amigo y mi editor. Estas fueron mis alianzas en los ochenta, junto a ellos y también con otros artistas independientes llevamos a cabo muchos ciclos de lectura; guardo con especial afecto uno que llamamos “Arte Plural”, que duró más de un año convocando a poetas de diferentes tendencias, reiniciando un diálogo que se había quebrado durante la dictadura, y que reunió también a compositores de música contemporáneos. A muchos de ellos los sigo considerando mis compañeros de ruta, mis amigos cercanos, como a Eduardo Mileo por ejemplo, o a Susana Villalba, entre otros que sería largo enumerar. Estos ciclos de lectura incluyeron diálogos y discusiones muy esclarecedoras y, a menudo, remataban con una fiesta, una milonga cruzada por la salsa, la cumbia y el rocanrol… Estábamos saliendo de las catacumbas y fue una corta primavera intensa y alegre. En este contexto, fui invitada a formar parte del comité de redacción de Diario de poesía, donde colaboré por varios años; revista cuya permanencia, sumada a la variedad de materiales que publica, tanto en lo relativo a poesía argentina y latinoamericana como a traducciones, le ha valido el prestigio del que goza.



OP: ¿Hay una escritura que podamos llamar femenina o se trata de una práctica del compromiso social que nos lleva a tomar posiciones incluso en la escritura?



DB: No hablaríamos de una escritura que podamos llamar “masculina” –por otra parte identificada con el canon que se considera central-, creo que es una categoría falsa; no obstante se trata, sin duda, de señalar una subalternidad de orden social que puede implicar la observación de algunas particularidades, temáticas o formales, en un tiempo histórico determinado. Sí me gustaría marcar que, en los ochenta, muchas poetas mujeres, inquietas o furiosas y particularmente alegres, sentimos gran curiosidad por lo que hacían las otras, nos leímos y establecimos un diálogo entre nosotras que considero de tremenda importancia; y quisiera también señalar que, desde entonces hasta nuestros días, muchos de los mejores libros de poesía publicados en el país pertenecen a varias generaciones de poetas mujeres.



OP: ¿Cuánto te cambia la poesía, si es cierto que la poesía puede cambiarnos?



DB: La poesía te cambia en un registro íntimo, sin aspavientos, porque es la pequeña voz del mundo, la prima lenta y retrasada que va detrás, pero en el mismo tren del habla de la gente, que va adelante.



OP: ¿Alguna vez pensaste en escribir otro género?



DB: No. Sólo imagino el poema. Aunque también escriba algunas reflexiones en prosa, siempre como resultado de alguna demanda, conferencias por ejemplo; a menudo son metástasis de algo sentido o pensado previamente en el poema, pero que, abordando el umbral del ensayo, se enuncia, por supuesto, de otra manera.



OP: El jardín es un libro que parece mostrar un quiebre en tu producción, aunque nunca dejás de establecer un diálogo con tus poemas anteriores. ¿Cómo surge Eljardín?



DB: Vaya a saberse cómo… Lo que puedo señalar ahora, en la perspectiva de la distancia, es que ese libro fue escrito en los años posteriores a la última dictadura, mientras se hacía claro que el retorno de las instituciones no significaba el fin de la injusticia. También en un momento de mi vida en que hice abandono del monte o bosque extraordinario para ocuparme del jardín, de las pequeñas cosas en el recortado espacio de la vida, del cuidado que requieren, del aprendizaje interminable, de la pasión, diría, como pasión que cuida. Y también de los sueños que no se olvidan. Pero creo que el verdadero quiebre se da en el libro posterior, Sur.



OP: Sur y La Edad Dorada son libros donde se contempla desde una mirada emocional capaz de cambiar la realidad observada… Son libros que quieren unirnos fraternalmente con la vida…



DB: A mediados de los ochenta fui invitada a dar la cátedra de Letras en la escuela de compositores e intérpretes de Sadaic. Enseñar implicó para mí ponerme a estudiar. Releí el Renacimiento y el Siglo de Oro español y el Modernismo, me entrené en la tradición de versificación de la lengua castellana y abrí mi oreja de una forma nueva. Los músicos populares –en un vasto arco que incluía ritmos urbanos y folklóricos- me enseñaron muchísimo; soy una hija de la tradición de ruptura que en la mitad de su vida fue a mirar hacia atrás sin dejar de mirar hacia delante. Esos fueron los años en los que escribí Sur; lo que buscaba expresarse empezó a encontrar su forma, primero en los gráciles versos de arte menor, y luego, naturalmente, en el endecasílabo y otros metros más extensos. Sin embargo he mantenido, creo, la síncopa del siglo veinte, la cesura inquietante e inestable en un lugar no previsto de la sintaxis, el encabalgamiento suave a veces o encabritado, las rugosidades, la violencia y el descaro de mi época; no como una voluntad apriorística, sino como una necesidad expresiva. Esta aventura comienza en Sur, y continúa, por eso lo considero un libro de quiebre en mi producción, aunque muchos otros elementos están ya presentes en libros anteriores y me parece que no es difícil advertirlos en la lectura completa de lo que he escrito hasta ahora.



OP: ¿Qué hay de la naturaleza, de esos pájaros y plantas que están en tu poesía, con una sorprendente capacidad contemplativa? ¿Qué ha tenido que ver lo zen y lo franciscano, o Juan L. Ortiz con todo ese mundo que contraponés a lo urbano?



DB: Mi lectura de Juan L. es muy tardía, pienso que todavía no lo he leído verdaderamente, como él se lo merece. Mi trato con el taoísmo y con la poesía china leída en traducción, sobre todo en inglés, es muy antiguo. Pero creo que el verde y el bicherío, omnipresentes en mi escritura, vienen de la más remota infancia, de haberme criado en el campo de la llanura santafesina, en las parcelas escasas que mi familia arrendaba y trabajaba por entonces. Los largos años de vivir en el delta del Paraná, donde paso todavía extensas temporadas, hicieron el resto.



OP: Ciertas lecturas se hacen presentes en tu obra: Simone Weil, Meister Eckhart, etc... ¿Por qué ese lado casi místico de tu poesía? Pienso en ese libro que termina con Buda mostrando una flor o en ese poema del mirlo negro que de repente te hace pensar en "la resurrección de la carne"...



DB: Porque han sido lecturas intensas y prolongadas, tanto el genio de Simone Weil como el de Levinas me acompañaron durante años. La filosofía, un amor tan temprano para mí como el de la poesía, es un campo de lectura que transito con frecuencia. En cuanto al Maestro Eckhart, que roza las posiciones del Zen dentro de una tradición cristiana que nunca lo miró con buenos ojos, es para mí un puente entre la sabiduría de oriente y la de occidente, y, de algún modo, un familiar de San Juan de la Cruz, poeta al que amo. Gautama viene después, cuando mis lecturas budistas se abrazan también con las de los poetas sufies del Islam. Un cierto ecumenismo como verás. Preguntar por qué sería como preguntar por qué en algún momento de la vida se leen la Biblia o El Chilam Balam, El Kurán o La Palabra Resplandeciente… Porque son grandes libros que han dado diferentes culturas, porque son la herencia de nuestra común humanidad.



OP: ¿Tenés alguna creencia religiosa?



DB: No. Creo que tengo la gracia de la fe, la fe de creer que la vida tiene sentido, en todas sus manifestaciones.



OP: Tu poesía reunida acaba de salir editada por Adriana Hidalgo. Incluye un libro inédito que además le da nombre a toda la obra, Tener lo que se tiene . Es un título que desafía e inquieta nuestra época …



DB: El libro inédito que acompaña esta edición de la poesía reunida se llamó así no sólo porque hay en él dos breves poemas con ese título, sino por algo en el tono y el acento del mismo. Terminó dándole nombre al tomo entero quizás porque ha llegado el momento en mi vida de aceptar que ya no seré ni haré lo que los ideales de la juventud reclamaban, aunque ojalá la pelota no haya caído tan lejos de la cancha; se tiene lo que se ha hecho, lo que se ha podido hacer, y diría, dulcemente, que es bastante.