El hombre y su escritura

El poeta estadounidense Edward Estlin Cummings (nacido en Cambridge, Massachussets, en 1894, y muerto en Madison, New Hampshire, en 1962) firmó toda su producción usando la forma “e.e.cummings”. El rechazo de las mayúsculas en el nombre propio es sólo una de las peculiaridades, o si se quiere excentricidades, que signaron su escritura. En sus poemas, las mayúsculas pueden aparecer en cualquier posición dentro del texto, y no sólo en el comienzo del mismo o asociadas con los nombres propios: el valor que se les puede asignar es la sugestión del énfasis. Este aspecto del poema sirve para entrar en materia; pero no es un ejemplo aislado, sino una pieza de un verdadero sistema dentro de la vanguardia angloamericana (que en los países de habla inglesa se llama “modernismo”). El rasgo común de los distintos recursos que en forma sistemática usa es el de desmantelar los procedimientos de escritura compartidos por la prosa y el verso, así como aquellos que identifican en la consideración popular el “verso” en el sentido tradicional. Así, al abandono de la medida silábica regular a favor de un concepto “musical” de la línea poética (en una búsqueda, aunque distinta, paralela a la de William Carlos Williams) se unen procedimientos más extremos: por ejemplo, la descomposición de la palabra en fragmentos que no son ni siquiera silábicos, la incrustación de unas palabras en otras, el uso del blanco de la página según criterios estrictamente visuales, el desplazamiento de los signos auxiliares de la escritura hasta producir estados de perplejidad en el lector, y el uso anómalo (aunque nunca caprichoso) de la puntuación. Todo ello, desde luego, tomando como polo opuesto de la comparación la escritura que podríamos llamar clásica o convencional... (más en el vínculo de Facebook de la derecha)

(de La Pecera 7, otoño de 2004. Traducción y notas de David Lagmanovich)

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